
Hace algunos años atrás, se empezaron a desarrollar nuevas fórmulas de cremas o lociones para el tratamiento de la piel, más concretamente, para el retraso del envejecimiento. Este tema está presente en nuestra sociedad desde siempre. ¿Quién no ha imaginado encontrar el “elixir de la juventud”, que nos permitiera mantener nuestra piel tersa durante algunos años más?
Aunque esto parezca una razón meramente estética, es importante para nuestra salud. La piel es la primera barrera de defensa, es lo primero que se encuentran los patógenos antes de una posible invasión. De manera que si existen ciertos compuestos que nos ayudan a reforzar esta barrera o simplemente evitar su deterioro, ¿por qué no utilizarlos?
Nuestra piel está colonizada por gran variedad de microorganismos y bacterias que van a tener un papel importante en la defensa frente a agentes extraños. A este ecosistema de microorganismos beneficiosos lo denominamos microbiota, término que no debemos confundir con microbioma, que hace referencia al genoma de la microbiota, es decir, el conjunto de genes de los microorganismos que habitan nuestro organismo.
Muchas casas de cosmética investigan a fondo este campo para dar con aquello que favorezca el correcto desarrollo de todo ese ecosistema que se aloja en nuestra piel. Esto es algo importante a cierta edad, y a la vista de algunos estudios dermatológicos, a partir de los 25 años hay que empezar a cuidar nuestra piel. Cuidar en el sentido de tratarla con productos específicos y en visión hacia la posible aparición de arrugas.
Hace relativamente poco, se han empezado a incorporar, sobre todo, a cremas de tratamiento facial, una serie de compuestos denominados probióticos. La Organización Mundial de la Salud los define como aquellos microorganismos vivos que, suministrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del organismo huésped. Las especies de Lactobacillus y Bifidobacterium son las más utilizadas como probióticos, pero también se emplean algunos tipos de levaduras e incluso otras especies como E. coli o Bacillus. Por otra parte, también cabe destacar los prebióticos, que son sustancias de la dieta, fundamentalmente polisacáridos y oligosacáridos, que no somos capaces de digerir, como la fibra. Estos hidratos de carbono son utilizados como alimento por los microorganismos de la piel, favoreciendo el crecimiento de aquellos que son beneficiosos y reduciendo de este modo la proliferación de bacterias patógenas o dañinas.

Algunas de las marcas que han tratado con estos compuestos en sus cosméticos son La Roche Posay, Vichy o Lancôme, entre otras.
Anterior a la idea de la incorporación de ellos en este tipo de cremas se han usado para tratar problemas intestinales debido a la alteración de la flora intestinal, ya que, al igual que en la piel y otras localizaciones del organismo, como la vagina o los pulmones, presentan gran variedad de microorganismos con función defensiva.

Aunque aún se pone en duda el hecho de que los probióticos y los prebióticos ayuden a retardar el envejecimiento en la piel, el hecho de que estas marcas introduzcan este tipo de compuestos en sus tratamientos para el rostro, no es una mala idea ya que, como hemos visto, van a ayudar al buen desarrollo de nuestra primera barrera de defensa.

Elena Torralba Antón
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La piel como un ecosistema: importancia del microbioma humano




